El lado oscuro de la Inteligencia Artificial
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INFORME ESPECIAL
Por: John del Río
Comunicador Social y Periodista
Redacción San Buenaventura Estéreo 95.4 F.M
Viernes, 12 de junio, de 2026
12:02 m.
La inteligencia artificial (IA) es una transformación cultural y tecnológica importante. Actúa como un espejo de las capacidades cognitivas y sociales del ser humano, multiplicando tremendamente la productividad y el análisis de datos masivos. Sin embargo, debe ser usada con rigor ético para evitar sesgos, exclusión y limitar el propio pensamiento crítico.
De acuerdo con un informe de la Universidad de la ONU advierte que “la inteligencia artificial no solo emite carbono: cada consulta a un chatbot, cada imagen generada y cada vídeo sintético deja una huella invisible en el agua y el territorio. Si no se gestiona de forma sostenible, la infraestructura digital podría convertirse en una pesadilla ambiental para los países más vulnerables, mientras los beneficios se concentran en unas pocas naciones ricas”.
De otro lado, según www.news.un.org para 2030, los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial consumirán 945 teravatios-hora de electricidad, casi el triple del consumo anual combinado de Pakistán, Bangladés y Nigeria —países que suman más de 650 millones de personas. Su huella hídrica equivaldrá a las necesidades básicas de agua de toda la población de África subsahariana (1300 millones de personas), y su ocupación del suelo superará los 14.500 kilómetros cuadrados, el doble del área metropolitana de Yakarta.
De nuevo, la Universidad de la ONU agrega que, hasta ahora solo habían medido la huella de carbono de los grandes modelos de IA, ignorando sistemáticamente el agua que consumen (para refrigeración y generación eléctrica) y el territorio que ocupan (infraestructuras energéticas y cadenas de suministro).
El profesor Kaveh Madani, director de UNU-INWEH y líder de la investigación, sostiene que este tipo de estudios no son en contra de la IA, mejor "Es un llamamiento a usarla de forma responsable y a abordar sus impactos no deseados de manera proactiva, para hacerla sostenible y equitativa".
El problema, es que las tres huellas no se mueven en la misma dirección. Cambiar del carbón a la bioenergía, por ejemplo, reduce la huella de carbono en un 70%, pero multiplica la huella de agua por treinta y la de suelo por cien. "Bajo en carbono" no es sinónimo de "bajo en agua" ni de "bajo en territorio" se encuentra en www.news.un.org
Y, agregan que en 2025, los centros de datos globales consumieron 448 teravatios-hora. Si fueran un país, serían el undécimo mayor consumidor de electricidad del mundo, por detrás de Francia y por delante de Arabia Saudí.
Continuando con esta misma fuente de información y con este debate público, que se ha centrado en la energía que consume entrenar grandes modelos —GPT-3 requirió 1,3 gigavatios-hora; GPT-4, entre 50 y 70—, pero el informe revela que esta perspectiva está obsoleta. Una vez desplegado un modelo, la inferencia —el procesamiento continuo de las consultas de los usuarios— representa entre el 80% y el 90% del consumo energético total de la IA.
Solo ChatGPT procesa unos 2500 millones de consultas al día, lo que se traduce en unos 383 gigavatios-hora al año. Compensar sus emisiones de carbono requeriría 2,6 millones de plántulas de árboles durante diez años, una superficie del tamaño de Manhattan. Su huella hídrica equivale a las necesidades anuales de agua de medio millón de personas en África subsahariana.
Pero no todas las consultas son iguales. Una conversación típica con un chatbot consume 200 veces más energía que una simple clasificación de texto. Generar una sola imagen consume 1450 veces más. Un vídeo corto generado por IA puede consumir tanta electricidad como 200.000 clasificaciones de spam.
Las Naciones Unidas dicen que, la expansión masiva de la IA está creando tensiones localizadas muy desiguales. En Irlanda, los centros de datos representaron el 21% de la electricidad medida en 2023, superando a todos los hogares urbanos. El operador de la red ha paralizado nuevas aprobaciones en Dublín hasta 2028.
En Querétaro (México), la expansión de la infraestructura de computación está agotando los suministros de agua en medio de sequías prolongadas. En Uruguay, un centro de datos de alto consumo hídrico se proyectó justo cuando una sequía agotaba las reservas de agua dulce de Montevideo.
Además, la infraestructura de IA podría generar hasta 2,5 millones de toneladas de residuos electrónicos al año en 2030, la mayoría procesados en economías de bajos ingresos con escasas salvaguardas, mientras los minerales críticos se extraen en jurisdicciones con poca supervisión ambiental.
Como si lo anterior fuera poco, solo 32 países del mundo albergan centros de datos especializados en IA. El 90% de esa capacidad se concentra en dos países, mientras que más de 150 naciones carecen actualmente de acceso a computación soberana de IA. El informe lo enmarca no solo como una brecha económica, sino como una cuestión de justicia ambiental: los países excluidos soportan la extracción de minerales críticos y los residuos electrónicos mientras los beneficios estratégicos fluyen hacia otro lado.
"El sistema global que está construyendo la inteligencia artificial también debe gobernarla de manera sostenible y justa", afirma el profesor Tshilidzi Marwala, rector de la Universidad de la ONU. "Que la IA avance la prosperidad y el bienestar humanos de manera equitativa es ahora una cuestión de gobernanza, no técnica".
Esta universidad no se queda solo en hacer un análisis sobre la IA, también propone un ecosistema de IA responsable basado en: transparencia; eficiencia por diseño; equidad y justicia ambiental; responsabilidad sobre todo el ciclo de vida; cooperación global; y uso sostenible. Entre las recomendaciones destacan las siguientes:
Los gobiernos deben integrar la infraestructura de IA en la planificación energética, hídrica y de uso del suelo.
La industria debe tratar la selección de modelos y los formatos de salida como decisiones de huella ambiental.
Los usuarios deben adoptar el modelo más ligero y el formato de menor energía que cumpla con la tarea.
Los operadores de centros de datos deben considerar la ubicación y la fuente de energía como decisiones ambientales críticas.
Los inversores deben tratar las huellas de carbono, agua y suelo como riesgos materiales en sus carteras.
En resumen, aparte de ser una simple herramienta, la IA es un reflejo de la cultura que la alimenta. Su aporte principal es recordar que el control absoluto es una ilusión. En lugar de tenerle miedo o resistirse a su presencia y desarrollo, la verdadera inteligencia reside en la capacidad de adaptación como seres humanos. El objetivo es utilizar la tecnología como un medio para potenciar las habilidades, siempre y cuando se mantenga el humanismo, la ética y el pensamiento crítico en el centro de su desarrollo.




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