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La corrupción ¡azote de la humanidad!

  • 1683370
  • 1 sept 2025
  • 3 Min. de lectura

INFORME ESPECIAL

Por: John del Río

Comunicador Social y Periodista

Redacción San Buenaventura Estéreo 95.4 F.M

Viernes, 29 de agosto, de 2025

10:40 a.m.


Si nos dirigimos a www.rae.es.com nos encontramos que la corrupción tiene varios significados, afecta varias esferas de la vida del hombre y tiene diferentes formas de percepción. Entre ellos, se destacan:


1. “f. Acción y efecto de corromper o corromperse”.

2. “f. Deterioro de valores, usos o costumbres”.

3. “f. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización indebida o ilícita de las funciones de aquellas en provecho de sus gestores”.

En términos domésticos, la corrupción podría ser un flagelo del abuso ejercido por el poder público para tener ganancias particulares. Pero no se puede suponer que la corrupción en todos los casos represente la misma cosa o que tenga el mismo móvil de motivación, pues también es interior, individual o cívica.


De acuerdo a www.interpol.com “los efectos de la corrupción tienen un gran alcance: pueden socavar la estabilidad política, social y económica, y en última instancia, amenazar la seguridad de la sociedad en su conjunto”.


Probablemente, este fenómeno labra el camino para que la delincuencia “haga su agosto” con organizaciones al margen de la ley y también con el terrorismo, pues los delincuentes se ven favorecidos, en muchos casos, por la complicidad de funcionarios públicos corruptos.


Continuando con la fuente de la INTERPOL, sostiene que “la mundialización de la economía ha hecho de la corrupción un delito sin fronteras. El mundo competitivo de los negocios internacionales puede hacer que las empresas estén más expuestas a sobornos y prácticas financieras fraudulentas”.


Y agrega: “las transacciones corruptas pueden traspasar múltiples jurisdicciones, haciendo que la consiguiente investigación policial sea prolongada y compleja”.


Entonces, en las dinámicas del mundo de hoy, ya está demostrado, como la corrupción tiene muchas formas y se manifiesta en distintos ámbitos de la vida pública, afectando de manera directa a los ciudadanos en todas las regiones de un país.


Pero, este aspecto que ha afectado a civilizaciones desde hace mucho tiempo, se debe estudiar desde puntos de vista, tanto institucionales que afectan el ámbito público y el ejercicio de la política, como también de comportamientos sociales y personales, lo mismo que de prácticas empresariales que favorecen sectores y hasta vicios de corrupción más allá de lo estatal.


Desafortunadamente, los actos de corrupción que se presentan hoy son mucho más complejos que antes, pues involucran una amplia variedad de personas, se hacen de manera ágil con técnicas difíciles de prevenir y descubrir, y generan impactos mucho más amplios sobre la sociedad, la democracia, los derechos humanos y la economía.


Un ejemplo de esto en Colombia, es la gran corrupción ante la que está sumida el país actualmente, constituyéndose en un crimen que viola los derechos humanos y que por lo tanto merece un castigo de las mismas proporciones del daño que genera, según lo reseña www.transparenciaporcolombia.org.co varios de los casos de corrupción que ha conocido el país son “las afectaciones al programa de alimentación escolar, el cartel de la hemofilia, el desvío de recursos del sistema de salud, la alteración ilegal de registros de tierras, el saqueo de recursos para sistemas de acueducto y saneamiento básico, la manipulación de procesos judiciales contra parapolíticos, entre muchos otros”.


¿Pero, que herramientas se deben conocer para atacar la corrupción, para que no continue este flagelo?


De acuerdo con el mismo sitio Web anterior, entre las más modernas y con supuesta efectividad se encuentran:


  • Un mayor debate sobre los abusos de poder y sus responsables.

  • Unos medios de comunicación activos en su investigación y denuncia.

  • Una mayor demanda ciudadana a las autoridades para obtener mayores resultados en la investigación y sanción.

  • Nuevas normas e instituciones de lucha contra la corrupción que, sin ser aun perfectas, generan nuevas reglas del juego para la prevención y la sanción de actos de corrupción y que incluye, por ejemplo, un marco normativo más favorable al derecho de acceso a la información pública.

  • Procesos judiciales que favorecen la delación de crímenes contra la administración pública.

  • Órganos de control con mayor voluntad política para atacarla.

  • La penalización de delitos sobre financiamiento de campañas, entre otros aspectos.


Finalmente, sin lugar a duda, el problema de la corrupción no es un asunto de forma, el país necesita cambios de fondo, que resuelva de una vez por todas no solo este flagelo, que tanto retraso y descomposición ha generado en la especie humana, sino de forma especial la transformación de la forma de actuar de los ciudadanos.

 
 
 

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