EDITORIAL

Por: Juan Miguel Jaramillo Metrio

Director San Buenaventura Estéreo 95.4FM

Redacción San Buenaventura Estéreo 95.4 F.M
Martes, 23 de enero, de 2024
08:00 a.m.

Uno de esos temas que logra mantener la fascinación de todo tipo de intelectuales es el infinito. Son muchos los estudiosos, de todas las ramas del saber, que se han detenido a pensar sobre el concepto, y no es para menos, pensar e intentar dimensionarlo simplemente se vuelve abrumador, además, el concepto de Dios está estrechamente ligado al concepto del infinito, ya que en los 50 años del colegio retomamos el concepto de San Buenaventura sobre este, intentemos develar su pensamiento.

Para la época de San Buenaventura el infinito no era el concepto que hoy entendemos y el desarrollo que le dio Pascal, Newton, Leibniz, Locke, Spinoza y 3 siglos después Georg Cantor, entre otros. Así que, intentando descifrar el pensamiento del santo hay que entender su contexto histórico donde la filosofía, la ciencia y la teología estaban íntimamente ligadas, es decir, hablar de números, de los fenómenos naturales y de Dios, era exactamente igual.

En la antigua Grecia se hablaba de la posibilidad de que existiera un universo finito o infinito y había posturas a favor y en contra, Anaximandro hablaba del Ápeiron, que era de lo que estaba hecho el universo y que incluía todo, absolutamente todo. Pero no sabía si este material tenía algún límite. Propuesta que a Aristóteles le incomodaba. Sin embargo, se atrevió en su trabajo a tocar el tema y hablaba de «Infinito Actual», que es el instante mismo donde está todo y que nos es posible percibir, e «Infinito potencial», que es el infinito más allá de lo cual hay algo.

Es interesante anotar que todos los filósofos griegos pensaron al respecto, entre los más representativos estaban: Pitágoras y sus discípulos, Euclides, Parménides, Anaxágoras y Aristóteles.

El problema en el que pensaban era que una línea está constituida por “infinitos puntos”, así que cuando se hacía una medición, esa línea la podían medir, pero argumentaban que los puntos que la constituían no eran contables. Es decir, no podían comprender cómo de algo incontable podían contar. Anaxágoras y Parménides argumentaban que la línea podía ser dividida a la mitad y esas mitades dividirlas a la mitad y siempre habría una mitad de las partes que quedaban. Con ello argumentaban que lo mismo ocurría si se alargaba la línea, al multiplicarla siempre habría un valor más grande para dimensionar la línea. Aristóteles no estaba de acuerdo, pensaba que debía haber una especie de limite, que las medidas tenían limitaciones y que, al fin y al cabo, no era necesario pensarlo ya que tanto lo más pequeño, como lo más grande, hacía parte de Dios.

Decía San Buenaventura reflexionando:  «Como sean pues bellas todas las cosas y en cierta manera deleitables, y como no exista delectación ni hermosura sin la proporción, que consiste primariamente en los números, es necesario que todas las cosas sean numerosas; y, por lo mismo, el número es el ejemplar príncipe que nos lleva al Creador». Donde el Alpha y el Omega, el principio y el fin inabarcable de todo, era Dios, y es él, quien dice, que la proporción y la belleza de todo lo que percibimos es posible por esa variedad que solo puede existir en el infinito.

San Buenaventura hacía tanto del infinito «Actual» y «potencial» de Aristóteles, pruebas de lo inabarcable y bello que es Dios. Precisamente, él pensaba que la ciencia no era incompatible con Dios, sino precisamente una herramienta para llegar a él, pensamiento inmerso en la comunidad Bonaventuriana y en el templo del amor y del saber.

Paz, Amor y Chocolates.